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El proceso de búsqueda de una residencia geriátrica suele ser doloroso para los familiares del mayor.  Normalmente la persona anciana ha ingresado en un hospital y al darle el alta no puede volver a su casa; ha empeorado súbitamente de una dolencia previa o ha visto agravado un proceso de demencia (Alzheimer o de otro tipo) y los familiares no se ven con fuerzas para cuidarle. Desde Residencia Las Matas te presentamos los cinco errores más comunes que pueden llevar a tomar una decisión inadecuada:

1. Optar por una residencia para la tercera edad cuando realmente no es la mejor opción

Resulta muy normal que, una vez el mayor ingresa en la residencia geriátrica la familia se sienta culpable.  En el fondo  piensan que podrían haber cuidado al padre (o madre, o abuela anciana) en casa, y se sienten mal por lo que perciben como un abandono.

Si piensa sinceramente que la residencia no es la mejor solución y que el sentimiento de culpa que va a tener está fundamentado, es mejor que intente encontrar otras soluciones ya que, de otra forma, puede acabar sufriendo, haciendo sufrir a su familiar mayor y convirtiéndose en lo que en las residencias conocen como “familiar problemático”, aquél que se queja de todo por sistema,  normalmente sin una causa contrastable.

2. Quedarse con la primera

Cuando el problema es vivido de forma acuciante, los familiares de la persona mayor pueden caer en la tentación de tomar el camino fácil: pedir consejo a algún amigo o a un profesional y quedarse en la primera residencia que visitan.

Para tomar una decisión adecuada sería recomendable seleccionar y visitar como mínimo tres centros residenciales antes de tomar la decisión.

3. Las falsas expectativas

A pesar de que la mayor parte de personas que viven en una residencia geriátrica en España se encuentran bien, en ocasiones los familiares se sienten defraudados porque la residencia no es lo que ellos esperaban.

4. No leer el contrato y el reglamento de régimen interior

Todas las residencias (da igual que se presenten como geriátricos, para la tercera edad, mayores, ancianos o con cualquier otra denominación) están obligadas a firmar un contrato con los residentes y sus representantes/familiares (si los mayores no pueden decidir por sí mismos).

5. No tener en cuenta la voluntad de la persona mayor que ingresará

Aunque parezca una tontería ya que mucha gente lo daría por supuesto, lo más importante a la hora de decidir el ingreso en una residencia geriátrica es la decisión de la persona mayor que va a ingresar.

La solución, como en casi todos los problemas, es hablar sinceramente y entenderse.  El mayor debería visitar la residencia antes del ingreso, debería explicarse en detalle las condiciones de vida y deberíamos entender que la decisión le cueste.  Sabemos que en el fondo lo que le gustaría es “no necesitar una residencia”.